.
En otra entrega de los how to, te contamos cómo hacerte el distinto.
.
En mi humilde opinión, (lo que comúnmente se denomina) 'la masa' está formada por aquellas personas que cumplen con todas estas condiciones: miran a Tinelli, odian a Fort, cuelgan la bandera argentina del balcón, veranean exclusivamente en Mar del Plata, leen Clarín, fuman Derby, corren al cine cuando se estrena alguna del Hombre Araña o de Transformers, toman Quilmes Cristal y escuchan Los Piojos.
.
Algunas personas son distintas al común de la gente porque -sin darse cuenta- un sábado lluvioso se van al Borges a ver un documental, llenan su biblioteca con literatura medieval rusa o se compran una colección de vinilos de Jarré. El cuerpo les pide hacer esas cosas. Lo disfrutan, como la masa disfruta de ver al gato del momento pelearse toda la tarde con el otro gato del momento. En definitiva, son distintos. No son mejores, ni peores; son distintos, por motivos tan naturales como inexplicables.
.
Pero también hay otras personas distintas a la masa: las que se esfuerzan por serlo. Se unen a cuanto grupo que odie a Tinelli exista en Facebook y, a la noche, en pleno zapping, suelen detenerse por largos ratos en el 13.
Se ofenden y se van del bar si sólo tienen Quilmes, para caer en otro bar y tomarse una Stella Artois al doble de precio (que no es más que la misma cerveza, con distinta etiqueta y botella, fabricada y envasada por la misma empresa).
.
Los 'distintos a la fuerza' usan las mismas fórmulas (lo cual les anula la distinción que persiguen):
.
La clave es elegir un ícono, ídolo o referente en cada género que exista, afiliarse ciegamente al opuesto más cercano (al segundo puesto, digamos) y hablar pestes sin parar sobre el referente o lo que una gran cantidad de personas elige, en cada categoría:
.
Infusiones: los forzados distintos no toman café ni mate. Ellos sólo toman el té negro de flores, canela y especias que le trajo su tataratía desde Nepal. Lo peor es que en reuniones en casa ajena, cuando les ofrecen mate, suelen pedirlo: 'Ay, no tenés té negro de flores, canela y especias de Nepal?' -No, pelotudo. Claramente, no tenemos.
.
Bebidas gaseosas: se hicieron fanáticos fundamentalistas de la Pepsi, ya que 'la Coca-Cola es amarga y encima la toma todo el mundo'.
.
Alimentos: caen en un bodegón de Pompeya y pretenden que le traigan una Waldorf con aceto y oliva. Ubíquense, marmotas.
.
Snacks: no pisan más el almacén del barrio porque Don Manolo tiene nada más que las Pehuamar y no se digna a vender las Lay's sabor a Pechito de cerdo con hierbas mediterráneas.
.
Música: independientemente del estilo, la fórmula original se conserva (odiar al referente e idolatrar al segundo puesto, al que siempre se lleva la medalla de plata, al Reutemann de cada género).
Pop: de un día para otro se convirtieron en seguidores de Kylie Minogue y empezaron a odiar a Madonna.
New Wave: conocen, saben, están al tanto de que New Order es la banda por excelencia, pero miran para otro lado y se aferran a Duran Duran.
TechnoPop: flamean la bandera de Erasure siendo conscientes de que Depeche Mode los aplasta con facilidad.
Synthpop: acá la idea es tirarle mierda al máximo exponente (De/Vision) para idolatrar intentos fallidos como Neuropa, SPOCK o Syrian.
.
Literatura: en la charla de un cumpleaños notaron que casi todos los presentes leían Dan Brown y Stephen King, entonces salieron corriendo a El Ateneo a comprarse algo de Teócrito o Demóstenes en idioma original. No tenían nada, claro.
.
Cine: se niegan rotundamente a ir a ver con sus amigos la nueva de Ice Age porque justo ese día y a esa hora emiten una película iraní de tres horas y media por The Film Zone.
.
Series: odian LOST porque escucharon por ahí que estaba buenísima y marcó un antes y un después. Los susodichos argumetan que LOST es una pavada, habiendo visto sólo los primeros quince minutos del piloto. Mientras tanto, se esfuerzan en fumarse Gossip Girl, Castle y Glee, para no dar el brazo a torcer.
.
ISP: dieron de baja Speedy en sus casas y Fibertel de sus oficinas. Ahora usan CiberNet2000, el abono cuesta diez pesos menos que los anteriores, pero la conexión se corta en la mejor parte de las videoconferencias chanchas.
.
.
Juancito, por hacerse el distinto, quedó como un boludo.