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Desde que terminó la oscura etapa del cristianismo, la humanidad ha avanzado a pasos agigantados -por más que algunos se empeñen en armar guerras o en seguir alabando a fantasmas todopoderosos-. Galileo, Newton, Maxwell y Einstein, entre tantos otros, han sentado las bases para que hoy en día tengamos la tecnología que tenemos.
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Sin embargo, y salvando las distancias entre los grandes genios y el común de los mortales, existe una conspiración para frenar el avance de la especie humana, un macabro plan para hacerle perder tiempo a cada individuo que la conforma.
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Estoy convencido de que cada pyme, empresa multinacional, organismo del gobierno u organización no gubernamental sigue estrictas reglas en este aspecto. Me refiero a su constante animosidad para hacerle perder el tiempo a la humanidad entera.
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Por ejemplo, la empresa A tiene rigurosos reglamentos que le indican al empleado 1 que el horario de atención a clientes es de lunes a viernes de 8 a 19 hs., mientras que al empleado 2, se le comunica que el horario de atención de la misma empresa es de 9 a 13 y de 14 a 18 hs. A su vez, curiosamente, el empleado 3 juraría por sus hijos que la corporación en la que trabaja atiende al público de lunes a sábados de 7 a 15 hs. Obviamente esto genera lo que están imaginando: uno como cliente llama a esa firma y nos puede atender el empleado 1, el 2 o el 3; tomaremos nota del disciplinado horario de atención que se nos indica, nos reservaremos un día o pediremos permiso para faltar a nuestro trabajo, emprenderemos el largo viaje hacia esa compañía como para llegar holgadamente con el tiempo, para ver que -obviamente- está cerrada, pero con un simpático cartel en la puerta que reza "Horario de atención al público: L a V de 10 a 17 hs, sin excepción". Mientras entonamos a nivel de grito la famosa frase 'PERO SI ME DIJERON...'. Curtite, es parte del plan. Volvé otro día. Perdé aún más tiempo.
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Otro caso es el de los bancos. Luego de preguntarle al empleado de seguridad para estar bien seguros de acudir a la ventanilla correcta, hacemos la fila de media hora (obviamente sin poder escuchar música con el celular, ni mensajear, ni mailear, ni pelotudear en las redes sociales). Finalmente llegamos a la ventanilla de atención para el trámite que tenemos que hacer. Le explicamos la situación a la cajera, quien muy amablemente nos dice que ese trámite debemos hacerlo con el oficial de cuentas. Sacamos numerito, esperamos otra media hora a puro embole, hasta que por fin nos atiende el otro empleado, le volvemos a explicar lo mismo que el explicamos a la cajera, a lo que se nos dice que ese trámite debe realizarse en forma telefónica únicamente. Luego de haber perdido hora y pico, volvemos a casa para llamar por teléfono al banco. Luego de diez minutos de insoportable musiquita parecida a un ringtone del año 97, toma la llamada un empleado de atención al cliente, a quien le contamos nuestra necesidad, pero nos aclara que ese trámite en particular se realiza expresamente mediante los servicios online de home banking. Nos dirigimos a la computadora con la única intención de prenderla fuego.
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Estos ejemplos demuestran que cada empleado de una misma institución recibe diferentes indicaciones sobre cuándo, cómo y dónde atender a los clientes y -claramente- hacerles perder grandes cantidades de tiempo, como parte del oscuro plan para frenar el avance de la humanidad toda. Si nunca te ocurrió nada parecido es porque no sos humano.
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